Fausto, de Johann Wolfgang von Goethe es una obra trágica enteramente dialogada, concebida más para ser leída que para ser representada, aunque también se la ha clasificado como poema. Fue publicada en dos partes: Faust: der Tragödie erster Teil (Fausto: Primera parte de la tragedia, publicada por primera vez en 1808) y Faust: der Tragödie zweiter Teil (Fausto: Segunda parte de la tragedia. Goethe la terminó de escribir el año de su muerte, 1832. Se publicó por primera vez de manera póstuma).
Argumento
La primera parte de Fausto se sitúa en múltiples lugares, el primero de los cuales es el cielo. Mefistófeles hace un pacto con Dios: dice que puede desviar al ser humano favorito de Dios (Fausto), que está esforzándose en aprender todo lo que puede ser conocido, lejos de propósitos morales. La siguiente escena tiene lugar en el estudio de Fausto donde el protagonista, desesperado por la insuficiencia del conocimiento religioso, humano y científico, se vuelve hacia la magia para alcanzar el conocimiento infinito. Sospecha, sin embargo, que su intento no está obteniendo resultados. Frustrado, considera el suicidio, pero lo rechaza cuando escucha el eco del comienzo de la cercana Pascua. Va a dar un paseo con su ayudante Wagner y es seguido a casa por un perro.
Ya en el estudio de Fausto, el perro se transforma en el diablo. Fausto hace un trato con él: el demonio hará todo lo que Fausto quiera mientras esté en la tierra, y a cambio Fausto servirá al demonio en la otra vida. El trato incluye que, si durante el tiempo que Mefistófeles esté sirviendo a Fausto éste queda complacido con algo que aquel le dé, al punto de querer prolongar ese momento eternamente, Fausto morirá en ese instante. El diablo le pide a Fausto que firme el pacto con una gota de sangre. A continuación, en una de sus excursiones, Fausto conoce a Margaret (también llamada Gretchen). Se siente atraído por ella y con regalos y ayuda de su vecina Martha, el diablo lleva a Gretchen a los brazos de Fausto, quien la seduce y finalmente logra poseerla.
La madre de Gretchen muere por culpa de un somnífero que su hija le había proporcionado para poder gozar de mayor intimidad con Fausto. Gretchen descubre, además, que se ha quedado embarazada. Su hermano Valentin acusa a Fausto, lo desafía y muere a manos de Fausto y el diablo. Gretchen ahoga a su hijo ilegítimo y es condenada por el asesinato. Fausto intenta salvarla de la muerte liberándola de la prisión, pero al no conseguirlo acude a pedir ayuda del diablo. Gretchen, presa de la locura y negándose a escapar, muere en brazos de Fausto.
En la segunda parte de Fausto la historia romántica de la primera parte es olvidada y Fausto se despierta en un mundo de magia en el cual Fausto puede viajar en el tiempo y el espacio. En el final de la obra, Fausto va al cielo aún habiendo perdido la apuesta. Los ángeles declaran al final del quinto acto, con la ayuda de Margarita,
A lo largo de la Primera parte, Fausto va sintiendo insatisfacción; la conclusión última de la tragedia y el resultado de los pactos solo se revela en la Segunda parte. La Primera parte representa el pequeño mundo y tiene lugar en el terreno de Fausto, el medio temporal. En contraste, la Segunda parte tiene lugar en el ancho mundo o macrocosmos. En la segunda parte Fausto ya ha superado el amor por Margarita y ha descubierto un reciente amor por el poder, sin embargo, la salvación en la que intercede su primer amor demuestra la conexión entre una parte y otra, que no es más que la representación de los ideales del romanticismo alemán, lo emocional o subjetivo, sobre lo racional u objetivo.
A lo largo de la obra podemos apreciar que Goethe intenta resaltar las características puramente humanas (como lo son los sentimientos, las emociones y las pasiones). En la primera parte de la obra, si bien éstas se presentaban como una liberación para el personaje de Fausto, también iban de la mano con las obras de Mefistófeles, que tenían un carácter maléfico. Todo aquello que Fausto decidía sin detenerse a meditarlo fríamente, o en las ocasiones en las que respondía a la pasión pura, se entiende que la mano de Mefistófeles estaba detrás. Lo esencialmente humano en la obra va de la mano del mal como si estuvieran incluidos en la misma categoría, como si uno alimentara al otro. Durante la obra el mal motiva la mayoría de los impulsos pasionales, sin embargo, al final, son estas mismas acciones (representadas en el amor por Margarita) las que permiten que Fausto escape al pacto, es decir, son estas mismas pasiones las que terminan de lado del bien.
*Fragmento del segundo monólogo de Fausto.
"Cada día se presenta el dolor bajo nueva forma: tan pronto en el hogar, como en la corte, como una mujer, un niño, el fuego, el agua, el puñal o el veneno. Tembláis, ¡oh, hombres! ante todo lo que no puede causaros daño, y lloráis sin descanso como un bien perdido lo que conserváis todavía. Lejos de llevar mi loco orgullo hasta el punto de compararme con Dios, conozco que es cada vez mayor mi miseria; solo me parezco al vil gusano que se alimenta del polvo, en el que le aplasta y sepulta la planta del que acierta a pasar. ¿No es también polvo todo lo que aquel alto muro me muestra allá arriba colocado entre numerosos estantes, y todas esas mil bagatelas que me encadenan a este carcomido mundo en que existo? ¿Iré a recorrer esos millares de volúmenes para leer que en todas partes los hombres se han afanado para labrar su suerte, y que solo en algunos puntos del globo habrá habido un hombre dichoso? Y tú, cráneo vacío, que parece que te estás burlando de mí, ¿quieres, por ventura, decirme con esto que el espíritu que antes te habitaba se afanó también como el mío para buscar la luz, y que vagó siempre miserablemente entre tinieblas abrasado por la sed de la verdad? También vosotros, instrumentos míos, parecéis reíros de mí con vuestras ruedas, dientes y cilindros y palancas; había llegado hasta la puerta y debíais vosotros servirme la llave. Misteriosa en pleno día, no permite la naturaleza que nadie rasgue sus velos, y todo cuanto quiera ella ocultar al espíritu, no hay esfuerzo humano que pueda arrancarlo de su seno."
(...)
"Pero ¿cómo es posible que piense merecer aquella vida sublime, aquellos transportes divinos, cuando no soy más que un gusano? No importa, bastará para lograrlo volver con resolución la espada al dulce sol de la tierra; valor, pues, y derriba las puertas por las que nadie pasa sin estremecerse. Ha llegado el momento de probar con obras que la dignidad humana no cede ni aún ante la grandeza de los mismos dioses."
*Fragmento del primer diálogo entre Fausto y Wagner (su discípulo).
"Wagner. Yo tengo también algunas ideas fantásticas, si bien no me he visto nunca animado de semejante deseo. Como no nos faltan bosques y praderas, no pienso envidiar a las aves sus alas; para mí los placeres del espíritu consisten en un libro, en una hoja, en una página; solo los libros pueden hacernos soportable y hasta dichosa una larga noche de invierno; y hacernos llegar una alegre vida que reanime todos nuestros miembros." (...)
"Fausto. Tú no tienes más que aspiración. ¡Quiera Dios que no sientas nunca otra! Hay en mí dos almas, y la una tiende siempre a separarse de la otra; la una apasionada y viva, está apegada al mundo por medio de los órganos del cuerpo; la otra, por el contrario, lucha siempre por disipar las tinieblas que la cercan y abrirse un camino para la mansión etérea. ¡Ah! ¡Si hay en las regiones aéreas espíritus soberanos que se ciernan entre la tierra y el cielo, dígnense descender de sus nubes de oro y llevarme hacia una nueva y luminosa vida! Si poseyera una túnica mágica que pudiese conducirme a aquellas regiones lejanas, no la daría por los más preciosos vestidos ni por el manto de un rey."
*Fragmento del diálogo entre Fausto y Mefistófeles, el pacto.
"Mefistófeles. Escucha, escucha, son los más pequeños de todos mis espíritus. Mira cómo te muestran la senda razonable que debes seguir. ¡Con cuánta razón y profundo saber te impulsan hacia el mundo, arrancándote de este tenebroso recinto donde se hielan los jugos de que debe alimentarse el alma! Cesa de complacerte en esa melancolía que, cual buitre carnívoro, devora tu vida. Por mala que sea la compañía en que estés, podrás al menos sentir que eres hombre entre los hombres; sin embargo, no creas que se piense en hacerte vivir entre la chusma. Aunque no soy yo de los primeros, si quieres unirte a mí y que emprendamos juntos el camino de la vida, consiento gustoso en pertenecerte ahora mismo, en ser tu amigo, tu criado, y hasta tu esclavo.
Fausto. Y ¿Cuál sería mi obligación en cambio?
Mefistófeles. Quiero desde ahora obligarme a servirte y a acudir sin tregua ni descanso aquí arriba a la menor señal de tu voluntad y tu deseo, con tal de que al volver a vernos allá abajo hagas tú otro tanto conmigo.
Fausto. Poco cuidado, en verdad, me da lo de allá abajo; empiezo por destruir este viejo mundo, ya que proceden de la tierra mis goces, y ya que es ese el sol que alumbra mis penas; una vez libre de él, suceda lo que quiera. Poco me importa que en la vida futura se ame o se odie, ni que tengan esas esteras encima ni debajo.
Mefistófeles. Si tal es tu disposición, puedes muy bien aceptar lo propuesto: decídete y sabrás desde luego cuáles son las delicias que puede proporcionar mi arte, y te daré lo que ningún hombre ha llegado siquiera a entrever.
Fausto. Pobre demonio, ¿qué es lo que tú puedes darme? ¿Ha habido, por acaso, ninguno de tus semejantes que haya podido comprender al hombre en sus sublimes aspiraciones? ¿Qué es lo que puedes ofrecerme? Alimentos que no sacian; oro miserable que, como el azogue, se desliza de las manos; un juego en el que nunca se gana; una joven que en medio de sus protestas de amor hará guiños al que esté a mi lado; o el honor, falsa divinidad que desaparecerá como un relámpago. Muéstrame un fruto que no se pudra antes de estar maduro, y árboles que se cubran diariamente con un nuevo verdor.
Mefistófeles. No me arredra semejante empresa, porque puedo ofrecerte todos esos bienes. Mi buen amigo, desde este momento podemos sin cuidado lanzarnos al despilfarro y a la orgía.
Fausto. El día en que tendido en un lecho de pluma pueda gozar la plenitud del reposo, no responderé de mí. Si puedes seducirme hasta el extremo de que quede contento de mí mismo, si puedes adormecerme en el seno de los placeres, sea aquél para mí el último día para ti el mayor triunfo.
Mefistófeles. Aceptado.
Fausto. ¡Aceptado! (...)"
