Los
nidos
Cuando el soplo de abril abre las
flores,
Buscan las golondrinas
De vieja torre las agrestes ruinas;
Los pardos ruiseñores
Buscando van, bien mío,
El bosque más sombrío,
Para esconder a todos su morada
En los frondosos ramos.
Y nosotros también, en el tumulto
De la inmensa ciudad, hogar oculto
Anhelantes buscamos,
Donde jamás oblicua una mirada
Llegue como un insulto;
Y preferimos las desiertas calles
Donde la turba inquieta
En tropel no se agrupa; y en los
valles
Las sendas del pastor y del poeta;
Y en la selva el rincón desconocido
Do no llegan del mundo los rumores.
Como esconden los pájaros su nido,
Vamos allí a ocultar nuestros
amores.
Crepúsculo
Gime el estanque y fúnebre sudario
Parece que lo envuelva;
Mudo se extiende tras la opaca
selva
El valle solitario;
Siniestros y tranquilos
Sus ramas alzan lúgubres los tilos.
¿No veis, a través de ellos,
De amor brillar la estrella
vespertina?
¿No veis arder sus pálidos
destellos
En la cumbre de la árida colina?
Vosotros, que ceñidos de guirnaldas
Pasáis en las tinieblas suspirando,
¿Sois amantes felices?
Brillan entre las sombras sueltas
faldas;
Despiértase la yerba, y rumor
blando
Melancólico zumba:
Fresca y lozana yerba, ¿qué le
dices
A la dormida tumba?
"Amad, dice la yerba y aún la
fosa;
Amad, vivid un día.
La sombra del ciprés es triste y
fría;
Siniestros son sus ramos;
La mejilla de rosa
Busca el labio de fuego...
Amad; trajo el crepúsculo el
sosiego;
Amad, mientras nosotros
meditamos."
Dios encendió de la pasión las
llamas;
Al mundo celos dé vuestra ventura,
¡Oh amantes que pasáis bajo las
ramas!
Todo el amor que en nuestro pecho
reste,
Se convierte en plegaria santa y
pura,
Cuando la muerte nos arrastra,
dura,
A la tumba funesta.
El seco polvo que el sepulcro
encierra,
Fue ayer beldad, y aún el amor
abrasa;
Las brisas de la tierra
De la yerba los vástagos agitan,
Y el soplo de Dios pasa
Y fosas y cadáveres palpitan.
De la pajiza choza
El techo agudo la tiniebla emboza;
Suena en el valle, que pesado
huella,
Del segador cansado el pasto lento;
Y, flor de luz, la esplendorosa
estrella,
Su vívido fulgor pura destella
En el sereno azul del firmamento.
Gozad, gozad: mañana será tarde:
Es la estación de amor; se ocultan
rojas
Las fresas hoy bajo las verdes
hojas;
Y el ángel pensativo de la tarde,
A merced de los vientos
encontrados,
Flota incierto y recoge confundidos
La oración de los labios apagados
Y el beso de los labios encendidos
Después del invierno
¡Mira, todo renace, amada mía!
Brillantes resplandores
Alumbran ya la atmósfera sombría:
Cuando llena la tierra está de
flores,
Los hombres son mejores.
Ven: dos chispas del mismo fuego
eterno,
La flor en la pradera
Y el astro encienden en la azul
esfera:
Ven, ven: huyó el invierno,
Esa triste y oscura primavera,
Que del pecho a los ojos subir hace
Savia amarga que en llanto se
deshace.
¡No más lágrimas! ¿Quieres, vida
mía,
Que nos amemos en la selva umbría?
Los árboles inclinan
Sus ramas, que engalanan frescas
flores,
Para abrigar los pájaros, que
trinan
Sus
cánticos de amores.
Parece que despunten los albores
De aquel dichoso día
Que vió nacer nuestra pasión
constante,
Y que mayo sonría
Como en el cielo, en nuestro pecho
amante.
Todo lo llenan músicas sonoras:
De día las abejas zumbadoras
Cantan en torno de las flores
bellas,
Y cantan luminosas las estrellas
En las nocturnas horas.
¿No oyes las dulces voces que nos
llaman
Y nos dicen en árboles y nidos:
"¡Felices los que aman!
Por la diestra de Dios son
bendecidos?"
¡Ay! ¡embriaga el ambiente!
En torno de mi cuello tú reposas
Los vencedores brazos dulcemente:
¡Oh, Dios! ¡en los rosales cuántas
rosas!
¡Cuánto suspiro en nuestro pecho
ardiente!
¡Eres más bella tú que las auroras!
Tus ojos y tus labios de rubíes
Sus lágrimas les roban cuando
lloras,
Y les robas sus perlas cuando ríes.
Nos ama la feraz naturaleza,
De Eva y de Adán hermana;
Y mece nuestro amor, y su belleza
Mezcla con él ufana.
En plácido embeleso
El cielo, contemplándote, te adora:
Y nos devuelve nuestro dulce beso
La sombra protectora.
De los enamorados elementos
Los supremos efluvios aspiramos;
Y somos dos aromas, dos acentos,
Dos ráfagas de luz que nos
buscamos.
Y sin que entibie su feliz ternura
Nuestra pasión constante,
Yo amo a la estrella pura,
Y el sol, el sol espléndido, es tu
amante.
Y nuestra flor ardiente
Siente la flor que nuestro labio
toca,
Y a la vez nuestra boca
Los besos de la luz percibe y
siente.
Una tarde que miraba al cielo
Una tarde miraba al cielo, y ella
Cariñosa y amante me decía:
"¿Por qué con tanto anhelo
Miras la última luz que vierte el día,
Y la naciente estrella
Que asoma allá en el cielo,
Y la noche que extiende ya su velo?
¿Qué buscas, dime, en la extensión
vacía?
Baja los ojos; ¡mira el alma mía!
"En la luz y las sombras
indecisas
Que contemplas con dulces
embelesos,
¿Verás algo mejor que nuestros
besos?
¡Oh! De mi corazón enamorado
Levanta el velo, osado;
¡Si supieras cuán bellas
Resplandecen en él miles de
estrellas!
Todo en el alma amante
Brilla puro, sereno, esclarecido;
El cariño constante
Ilumina el obstáculo vencido,
Más puro que la estrella de la
tarde
Cuando en la cumbre de los montes
arde.
¿Qué vale el cielo en calma?
¡Es cielo más celeste el de mi
alma!
¡Bellos del astro son los
resplandores!
¡Bella es el alba, bellas son las
flores!
Pero nada es tan bello
Cual la magia feliz de los amores
El más vivo destello
Es el rayo celeste de luz pura
Que un alma a otra fulgura.
Más vale amor tranquilo
De fresca gruta en el seguro asilo,
Que esos astros de pálidos reflejos
Que el sabio no conoce y les da
nombre.
Dios, que comprende al hombre,
Allá lejos, muy lejos,
Los cielos y los soles ha lanzado,
Y ha puesto la mujer a vuestro
lado.
¡Amemos! Dios lo quiere. Deja, deja
Tu cielo, que luz pálida refleja;
En mis ojos amantes
Encontrarás destellos más
brillantes.
Ven: amar es nacer a nueva vida;
Comprender, percibir, ver lo
invisible:
Siempre hallarás unida
El alma grande al corazón sensible.
¿No escuchas, alma mía,
En el dulce transporte que te
encanta,
Sonora melodía?
El mundo es una lira, y conmovido
Nuestros amores canta.
¡Amémonos! El musgo humedecido
Huellen errantes nuestros pies. Los
cielos
Ya no contemplo más, que tengo
celos."
En voz baja mi amada así decía
Mirándome extasiada;
Con la dulce armonía,
Que tanto a mi alma agrada,
En voz baja decía así mi amada.
Latía nuestro pecho,
Suspiros exhalando abrasadores:
Ya se entreabrían las nocturnas
flores...
Árboles, rocas, auras, ¿qué habéis
hecho
De suspiros y besos y alegrías?
¡Cuánto la suerte del mortal es
dura!
¿Por qué un día feliz tan poco dura
Como los otros días?
¡Oh tiempos! ¡Oh memorias!
¡Horizonte sombrío del pasado!
¡Irradiación de las antiguas
glorias!
¡Luz de un astro eclipsado!
Cual del umbral de un templo,
Llorando, de rodillas, os
contemplo.
Cuando la noche oscura
Al día sigue de feliz bonanza,
Es en vano correr tras la ventura;
Cuando no hay ni una gota de esperanza
En el vacío cáliz infecundo,
Lancémoslo al profundo.
¡Olvido, dulce olvido,
Tumba eterna eres tú del bien
perdido!
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