martes, 24 de mayo de 2016

Lecturas complementarias para el trabajo con la poesía de Baudelaire


1. Para pensar y complejizar el tema
El Mal
El hecho de que exista el mal en el mundo ha sido uno de los problemas más acuciantes de la humanidad desde puntos de vista  muy diversos como son los de la filosofía, las religiones, con sus diferentes dogmas, la política y la ciencia.
   A veces, tenemos la necesidad de entender por qué pasan cosas malas, y también nos preguntamos si debemos responder ante ellas y, en ese caso, cómo debemos hacerlo. Ante el sufrimiento y las tragedias personales, no solo las propias sino también las ajenas, puede que nos veamos enfrentados a la cuestión de si somos capaces de perdonar y de aceptar un mundo que nos defrauda por la presencia del mal, un mundo donde existe crueldad, injusticia, enfermedad, accidentes y catástrofes naturales. ¿Podemos ser capaces de amar un mundo así? Nuestro amor por la vida puede convertirse en algo muy frágil si la conciencia del mal que hay en el mundo, del mal que hay en nosotros o junto a nosotros, se nos presenta con una intensidad excesivamente abrumadora.
  ¿Se trata de ser capaces de aceptar este mundo simplemente porque es el único que tenemos? ¿O será que podemos perdonar las imperfecciones del mundo y amarlo por la gran belleza y bondad que también contiene?
  A la hora de aceptar las tragedias hay también una diferencia fundamental. Existen, por un lado, acontecimientos trágicos que parecen formar parte irremediable de la vida. Es lo que ocurre con la enfermedad, la muerte de las personas queridas o las catástrofes naturales. Pero hay un tipo de tragedias que aún resultan mucho más atroces por nuestra conciencia de que sería posible evitarlas: tragedias como la muerte de millones de personas por causa del hambre o de enfermedades que podrían curarse.
  Tal vez deberíamos preguntarnos si basta con perdonar al mundo por no ser perfecto y seguir nuestro camino, viviendo a pesar de todo, atentos al lado luminoso de la existencia, o si debemos, además de eso, implicarnos en el sufrimiento de los otros cuando podemos hacer algo a fin de evitarlo o de aliviarlo. Voltaire (filósofo francés, 1694 - 1778) tenía clara su postura respecto a la forma en que nos relacionamos con todos aquellos males evitables: "Cada hombre es culpable de todo el bien que no ha hecho."
  Junto a las virtudes personales que podemos cultivar en relación con nuestro sufrimiento personal, con el mal que nos aqueja a nosotros -virtudes como el perdón y la aceptación- tal vez podamos también cultivar un tipo de conciencia social e intelectual que nos mueva, incluso nos empuje a hacer todo aquello que podamos por convertir nuestro mundo en un lugar mejor, no solo para nosotros y los demás, sino también para los que vendrán.
El arte de vivir con filosofía
Denise Despeyroux

2. Lo que Baudelaire pensaba de la Modernidad, la Belleza moderna y el Dandismo

La Modernidad

"Es así que él va, corre, busca. ¿Qué busca? A no dudarlo, este  hombre, tal como lo he pintado, este solitario dotado de una imaginación activa, siempre viajando a través del gran desierto de hombres, tiene un fin más elevado que el de un mero paseante, un fin más general, distinto al placer fugitivo de la circunstancia. Busca una cosa que se nos permitirá llamar la modernidad; pues no parece haber mejor palabra para expresar la idea en cuestión. Se trata, para él, de separar de la moda lo esta pueda contener de poético en lo histórico, de sacar lo eterno de lo transitorio.
(...)
La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo,  lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable."

Lo bello, la moda y la felicidad

"Lo bello está hecho de un elemento eterno, invariable, cuya cantidad es excesivamente difícil de determinar, y de un elemento relativo, circunstancial, que será, si se quiere, a veces o todo a la vez, la época, la moda, la moral, la pasión. Sin ese segundo elemento, que es como la envoltura divertida, brillante, aperitiva, del pastel divino, el primer elemento sería indigerible, inapreciable, ni adaptado ni apropiado a la naturaleza humana."

El dandi

"El hombre rico, ocioso, y que, incluso hastiado, no tiene otra ocupación que correr tras la pista de la felicidad; el hombre educado en el lujo y acostumbrado desde su juventud a la obediencia de los demás, aquel que en fin no tiene más profesión que la elegancia, siempre gozará, en todas las épocas, de una fisonomía distinta, absolutamente aparente. El dandismo es una institución vaga, tan rara como el duelo; muy antigua ..."
(...)
"Si hablo de amor a propósito del dandismo, es porque el amor es la ocupación natural de los ociosos. Pero el dandi no ve en el amor una finalidad especial. Si he hablado de dinero, es porque el dinero es indispensable para la gente que hace un culto de sus pasiones; pero el dandi no aspira al dinero como algo esencial; un crédito indefinido podría bastarle; les deja esa grosera pasión a los mortales vulgares. El dandismo ni siquiera es, como muchas personas poco reflexivas parecen creer, un gusto desmesurado por la ropa y por la elegancia material. Esas cosas no son para el perfecto dandi más que un símbolo de la superioridad aristocrática de su espíritu."
(...)
"¿Qué es pues esa pasión que, convertida en doctrina, ha hecho adeptos dominadores, esa institución no escrita que ha formado una casta tan altiva? Ante todo es la necesidad ardiente de crearse una originalidad, contenida en los límites  externos de las conveniencias. Es una especie  de culto de sí mismo, que puede sobrevivir a la búsqueda de la felicidad que se halla en otro, en la mujer, por ejemplo; que puede sobrevivir incluso a todo lo que llamamos ilusiones. Es el placer de sorprender y la satisfacción orgullosa de no sorprenderse jamás."
Ensayos de Charles Baudelaire
 




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